El arte de salir del presente
Pasamos la vida entera intentando "estar presentes". Pero a veces la única forma de valorar el ahora es salirte de él un segundo.
Sergio Martinez
6/12/20265 min read


Todos tenemos un álbum de fotos de cuando éramos niños. Allí podemos ver a nuestros padres con otros peinados, podemos ver cuál era la última moda hace 30 años y también vemos una versión de nosotros más pequeña que hasta ahora comenzaba a ver el mundo. No es de extrañar que para muchos ese álbum sea casi un tesoro, porque por un lado almacena los recuerdos familiares, pero al mismo tiempo también es un elemento que une a las familias y las hace conversar recordando experiencias y anécdotas.
Lo que más disfruto cuando veo el álbum es preguntarle a mi familia qué sucedía detrás de cada página. La historia que hay detrás de la foto es invaluable. Excepto si se trata de la típica foto colombiana de la tina de baño y el bebé desnudo. ¿Por qué a las mamás colombianas les gusta tanto tomar ese tipo de fotos?
Bueno pensándolo bien, no soy nadie para juzgar la sabiduría de las madres que seleccionan con cuidado qué fotos van o no van en el álbum familiar. Cada álbum es perfecto tenga las fotos que tenga.
Para un cumpleaños de mi papá nos sentamos a ver el álbum en familia y noté que siempre pasaba algo, es decir, nadie miraba el álbum sin reaccionar de algún modo. Siempre llegan risas o suspiros de nostalgia, pero nadie es inmune al efecto que genera ver las fotos de hace años. Cuando vi eso, me di cuenta de que nos hace falta mirar hacia el pasado más seguido.
Mirar al pasado con una foto en mano nos traslada a lugares que quizás estaban olvidados en nuestra memoria, facilita por un instante que salgamos del ahora para movernos a otro momento de nuestras vidas. Con sólo ver una foto puede que nos encontremos corriendo en casa de los abuelos, celebrando un cumpleaños especial o sintiendo vividamente olores, sabores y memorias que llegan a toda velocidad.
Por eso el poeta latino Marco Valerio decía por allá en el siglo primero:
"Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces".
Dos mil años tiene esa frase. ¡Cuanta sabiduría hay ahí! Nos demuestra que desde hace milenios, las personas saben de la utilidad práctica de mirar hacia atrás e intentar viajar por un momento al pasado.
Por ejemplo, hace un tiempo se hizo famoso en internet un post que quiero parafrasear, no tiene un autor específico porque se volvió tan famoso que simplemente todos lo posteaban por todos lados. Empieza pidiéndote que imagines que has nacido en el año 1900 para que pienses que:
— Cuando cumples 14 años, ves cómo comienza La Primera Guerra Mundial y tienes una juventud marcada por la destrucción y 22 millones de muertos.
— Cuando cumples 18 años, termina la guerra, pero se desata la Gripe Española. Una pandemia global que causó la muerte de 50 millones de personas.
— A los 29 años presencias el inicio de la Gran Depresión, donde la economía global se paraliza y llegan años de pobreza y desempleo generalizado.
— Cuando cumples 39, empieza la Segunda Guerra Mundial, que alcanza niveles de violencia y destrucción jamás antes vistos.
— A los 55, ves un mundo dividido por la Guerra Fría y presencias cómo Corea y Vietnam son la muestra de lo que genera un mundo polarizado.
— Cuando cumples 62, ves cómo el mundo pende de un hilo debido a la Crisis de los Misiles en Cuba. La humanidad nunca antes estuvo tan cerca de vivir una guerra que dejaría a todo el mundo destruido.
Todo esto antes de tus 75 años.
¿Te imaginas haber pasado por eso? Pensar en todo lo que vivió una persona común y corriente del siglo pasado, hace que veas con agradecimiento muchas cosas que hoy se dan por sentadas. Ese es el poder de viajar al pasado. Se gana perspectiva.
Nos ayuda a valorar también todo lo que durante décadas y generaciones nuestra sociedad y familias han construido.
Suena exagerado, pero piensa que para que estés donde estás hoy tuvieron que existir antes dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos… (y la cuenta no para de crecer). Cada uno de ellos enfrentó problemas que parecían inmanejables, pero los superaron. Por eso estás aquí. Así que cuando algo amenace con abrumarte, recuerda que vienes de una cadena ininterrumpida de personas que ya pasaron por lo mismo y siguieron adelante.
Ese problema con tu pareja, seguro tus abuelos también tuvieron que afrontarlo.
Esa crisis económica, seguro tus padres tuvieron que sortearla de jóvenes.
Esa incertidumbre por el futuro, seguro tus tatarabuelos la vivieron a su manera hace un siglo.
Sin darte cuenta, acabas de hacer un pequeño viaje en el tiempo: miraste hacia atrás para ver tu presente con otros ojos. Y eso, cambiar de ángulo a voluntad, es una habilidad que puedes entrenar para construir un futuro mejor. Sahil Bloom, escritor y empresario, tiene un método para ejercitarla día a día. Lo llama, justamente, viaje mental en el tiempo.
"Viaje mental en el tiempo: Aléjate de tu estado presente y piensa en cuánto se asombraría tu yo del pasado de ver dónde estás hoy. Aléjate de tu estado presente y piensa en cuánto daría tu yo del futuro por volver a estar justo donde estás en este momento hoy. Alejarte y darte esas perspectivas te permite generar gratitud, crear un aprecio por el momento presente."
Lo que propone Sahil es tremendamente útil, porque nos invita a que trabajemos de manera activa para ganar perspectiva; por lo general miramos al pasado porque algo llegó a nuestra mente o vimos algo que nos trajo un recuerdo. Sahil nos pide lo contrario, nos enseña a que no tengamos que esperar a que eso suceda para viajar al pasado o al futuro.
Además nos permite ver el pasado como una herramienta, una herramienta que siempre está a nuestra disposición para valorar nuestro presente, pero al mismo tiempo nos enseña a sentirnos optimistas por el futuro que viene.
De esa manera es más fácil ver que nuestro yo de ocho años seguramente sentiría orgullo de ver hasta dónde hemos llegado y que nuestro yo de ochenta años va a anhelar estar donde estamos hoy.
Ahí está el valor del sutil arte de la perspectiva. Nos enseña a valorar nuestro presente con más fuerza.
Porque de la misma forma como le preguntabas a tus padres o abuelos sobre las fotos que veías de otras épocas, pronto serás tú el tío, la mamá o la abuela a quien le pregunten por los recuerdos que estás construyendo hoy.
Así que anímate a hacer un viaje en el tiempo. Ve y regresa recargado de agradecimiento por todo lo que has logrado hasta ahora y emocionado por lo que puedes lograr. No te mereces menos. Al final, los recuerdos memorables los estás construyendo ahora.



