Llegamos a la luna para hacer scroll

Hoy cargas en el bolsillo más poder del que la NASA tuvo para llegar a la Luna, y lo más probable es que lo gastes haciendo scroll. No es del todo culpa tuya: el teléfono está diseñado para ser adictivo. Pero la herramienta no es el enemigo —lo son el momento y la forma en que la usas. Estas son cinco cosas que estoy haciendo para que vuelva a trabajar a tu favor.

7/2/20265 min read

Entre más uso mi teléfono, menos conectado estoy conmigo mismo.

Esto lo aprendí a las malas. Las horas excesivas de pantalla hacían que no pudiera ver más allá de lo evidente. La pantalla encendida todo el tiempo había apagado algo en mí. Estaba perdido.

No era capaz de mantener una conversación sin mirar mi teléfono. No podía despertarme ni acostarme sin revisarlo. No podía salir de casa sin pensar que tenía que mirarlo apenas sonara. Estaba perdido.

Aún siento que lo estoy, sobre todo en estos días en los que pasamos por unas elecciones presidenciales álgidas. Mi uso del teléfono no es el más prolijo, pero estoy trabajando con fuerza para que lo sea en el corto plazo. Aquí te comparto algunas cosas que me han funcionado.

1.Reconoce que eres adicto al teléfono

Suena horrible. Definirse como adicto a cualquier cosa no es nada agradable. Pero rara vez se soluciona un problema si no se admite que existe. Siendo humildes y autocríticos, en cambio, podemos ver la realidad con más exactitud.

Y la realidad es que somos adictos al celular. Solo cuando lo aceptamos podemos empezar a tomar mejores medidas.

A las personas más disciplinadas, de hecho, les sirve recordar lo indisciplinadas que pueden llegar a ser; así tienen presente dónde no quieren caer.

Por ejemplo, James Clear, autor del best seller Hábitos atómicos, admitió que debe entregarle a su asistente la clave de sus redes sociales para no pasar demasiado tiempo en ellas. No se ve a sí mismo como un “santo” de los hábitos. Sabe que, sin esa medida, se haría daño y no lograría mantenerse enfocado escribiendo.

Y aquí está el punto: si hasta el autor del libro más famoso sobre hábitos necesita ayuda externa para controlarse, ¿qué te hace pensar que tu fuerza de voluntad va a bastar? No basta. Y reconocerlo no te hace débil, te hace realista. Ahí empieza todo. Admite lo que ya sabes, para tomar mejores medidas.

2.Agrega el widget de tiempo de uso de pantalla

Lo que no se mide no se controla.

¿Sabes con precisión cuánto tiempo pasas frente al teléfono? ¿Cuáles son las apps que concentran tu atención? ¿En qué momentos del día?

Yo no tenía ni idea. Hasta que agregué el widget de Tiempo en pantalla y el juego cambió.

Sabes que usas tu teléfono más de lo necesario, pero solo tienes una idea vaga de cuánto tiempo gastas en cada aplicación y en qué momentos. Cuando agregues el widget, te sorprenderá ver esto a nivel de día y de semana. Aparecerán patrones que son clave para hacer ajustes calibrados.

Cuando tengas claro cuánto tiempo pasas al día en el celular, multiplícalo por 365. Así verás la verdadera dimensión de lo que pierdes al año. Es un dato revelador.

3.Condiciona el uso de las aplicaciones clave

Cuando tengas claro en cuáles aplicaciones pasas más tiempo, ajústalas y condiciónalas con límites claros. Puedes hacerlo de varias formas.

Pon un límite de tiempo a las aplicaciones que más te desconcentran. Por ejemplo: 30 minutos máximo de YouTube. Establece el tiempo para cada aplicación y configúralo en tu teléfono.

Si eso no funciona para ti, prueba a poner límites a los espacios donde lo usas. No usar el teléfono en el comedor, en la cama y en el baño puede ser un buen punto de partida.

También puedes proponerte usar ciertas apps solo después de cumplir una tarea o un objetivo. Así limitas su uso según tus resultados: usarlas se vuelve una recompensa, no un hábito compulsivo.

Puedes empezar con uno o dos tipos de límites. Calibra y ajusta cada semana qué te funciona y qué no.

4.Activa la escala de grises al empezar el día

A nuestro cerebro le gustan los colores vívidos. Pero, si lo piensas bien, no necesitas usar el teléfono con toda la paleta de colores. En el momento en que activas la escala de grises, muchas aplicaciones pierden su atractivo. Sobre todo las redes sociales. Cuando eso ocurre, el teléfono se convierte de verdad en una herramienta. Lo usas para hacer lo que tienes que hacer. Nada más.

A eso debemos llegar: a ver el teléfono como una herramienta que nos hace más fácil la vida, no como algo que tenemos que usar todo el día de forma compulsiva.

En las mañanas tenemos más energía y concentración. Cuidarla con la escala de grises ayuda mucho.

Aquí debo confesar que aún sigo trabajando en este paso. He pasado más tiempo del que me gustaría admitir consumiendo polémicas sobre política en redes sociales. Estamos en plenas elecciones en Colombia. Espero que en cuatro años haya un Sergio más maduro en ese sentido.

Pero, más allá de eso, me atrevo a decir que una pantalla en gris es el sello de una persona que de verdad quiere mejorar su relación con su smartphone.

Nuestros abuelos veían televisión en blanco y negro. ¿Será que por eso son tan sabios?

5.Siente comodidad en el silencio

Mientras esperamos en una fila, usamos el celular. Mientras nos movemos hacia nuestro destino, usamos el celular. Mientras descansamos entre series en el gimnasio, usamos el celular. Cuando hay silencio, usamos el celular como acto reflejo.

Al usar menos el teléfono, encontrarás más silencio. Aprende a estar cómodo en él.

Sobre esto, Cal Newport escribe en Deep Work:

“En estas situaciones es crucial que [...] simplemente se aguante el aburrimiento temporal y se conforme con la mera compañía de sus pensamientos. El simple hecho de esperar y estar aburrido se ha convertido en una experiencia novedosa en la vida moderna.”

Entendí que gran parte de la “niebla mental” por el mal uso del celular se produce en esos tiempos muertos en los que no soy capaz de aguantar la incomodidad del silencio.

Te sentirás mejor si interiorizas esto. Eres mejor sin niebla mental.

Conclusión

Hoy tenemos en nuestros teléfonos más tecnología que toda la que había en el Apolo 11, la nave espacial que llevó al hombre a la Luna.

La computadora del Apolo 11 tenía 4 kilobytes de memoria RAM y 72 kilobytes de almacenamiento. Nuestros celulares hoy tienen, en promedio, 8 gigas de RAM y 128 de almacenamiento. Cuando me enteré de esa comparación, me quedé boquiabierto.

Hoy cargamos en el bolsillo un poder que la NASA ni soñaba, y la mayoría lo usamos para hacer scroll.

Tenemos en las manos una de las herramientas más poderosas jamás creadas, pero la ponemos al servicio de TikTok e Instagram.

Austin Kleon, autor del libro Sigue avanzando, lo dijo así:

“Las pantallas [...] nos han hecho perder nuestros sentidos y nuestro sentir. Su efecto general ha sido un tipo de entumecimiento espiritual.”

Quizás por eso Tim Cook, CEO de Apple, afirmó que el teléfono está hecho para mejorar nuestra vida, no para usarlo todo el día.

Esa herramienta puede trabajar a tu favor o consumirte sin que lo notes. Y la diferencia no la marca el teléfono: la marcas tú, cada vez que decides tomarlo o dejarlo.

Sé que hay más trucos para usar menos el celular. Si llegaste hasta acá, cuéntame qué haces tú para darle un mejor uso a tu smartphone. En serio, sigo trabajando en ello y me interesa saber qué has hecho y qué te ha funcionado.

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