Por qué necesitas convertirte en un gran creador de listas.
Aquellas habilidades que no requieren de talento o destreza, son regularmente habilidades que damos por sentado, que no cultivamos ni buscamos llevar a otro nivel, pero que cuando les prestamos atención y trabajamos con detalle, nos diferencian del resto. Soy un convencido de que escribir listas es una de esas habilidades.
Sergio Martinez
5/9/20265 min read


Cuando alguien de mi equipo llegaba tarde a una reunión importante, me gustaba recordar que la puntualidad es una de esas grandes cualidades que, afortunadamente, no requieren de destreza ni talento y al mismo tiempo reconocía que es una cualidad que si se cultiva diariamente, te destaca con facilidad del promedio.
Después, para dejar esta idea aún más clara, repetía un par de veces la frase: “Si llegas temprano, estás a tiempo. Si llegas a tiempo, ya vas tarde. Y llegar tarde es inaceptable".
No se quien dijo esa frase, pero hay mucha sabiduría allí.
Al terminar la reunión la dejaba por escrito en el chat. (Si, era un poco obsesivo con la puntualidad).
Hacía todo esto, no para buscar ser “escuelero”, ni tampoco por hacer quedar a nadie en ridículo, sino porque realmente creo en la importancia de trabajar en esas pequeñas cosas que tienen el potencial de convertirte en un mejor profesional, un mejor colega y hasta en un mejor ser humano.
Al final de todo, son esas cualidades las que debemos cultivar.
Ahora, hubo una cosa, de esas que requieren cero talento y destreza, que me habría gustado predicar día y noche con más fuerza: Escribir listas.
¿Por qué?
Escribir listas es buscar poner orden en nuestra mente y pensar con claridad.
Y pensar con claridad es un auténtico tesoro. Pero pensar con claridad no es algo que se nos regala. Debemos ganarnoslo.
Y más aún que vivimos en la era del scroll infinito, donde todos quieren nuestra atención y nuestra concentración se divide con más facilidad que nunca, de hecho, según un estudio de la universidad de Queen’s (2020), cambiamos de pensamientos unas 6,200 veces al día.
¡6.200 veces!
Eso significa que tenemos un nuevo pensamiento nuevo cada 14 segundos, cambiamos de pensamiento 4,3 veces por minuto y 258 veces por hora y aun así no necesariamente estamos pensando de manera clara. De manera que, ante semejantes números, es normal ver que nuestra mente tiende más al caos más que al orden y que muchas veces es el primer gran obstáculo para alcanzar ideas estructuradas y claras, es nuestra misma mente.
¿Es irónico verdad? Lo mismo que nos permite crear ideas brillantes, también puede impedir que pensemos con claridad.
Por eso Naval Ravikant llama a su mente en automático, su 'mente mono' y nos la describe de manera gráfica de la siguiente manera:
Tu mente […] Es como un mono lanzando heces, corriendo por la habitación, armando un lío tremendo, gritando y rompiendo cosas. Es completamente incontrolable. Es un loco fuera de control. Soy más que mi mente mono.
Si en una calle hay mil personas, todos hablarán consigo mismas en su cabeza en algún momento. Están juzgando constantemente lo que ven. Están reproduciendo películas de cosas que se les ocurrieron ayer. Fantasean sobre cómo será su día mañana. Están absortos en la realidad. Esto puede ser bueno a la hora planificar algo a largo plazo o resolver ciertos problemas. Es bueno para nosotros como máquinas que somos de supervivencia y reproducción.
Pero es horrible para tu felicidad. Para mi la mente debería ser un sirviente y una herramienta, no un maestro. Mi mente de mono no debería controlar y guiarme las 24 horas del día.
No es un reto menor entonces, callar a esa ‘mente mono’ en cada uno de nosotros, sobre todo porque el pensamiento caótico crea resultados caóticos.
¿Cómo silenciamos entonces a la ‘mente mono’?
Hay muchas formas, gracias a Dios, pero escribiendo y ordenando lo logramos hacer de manera efectiva.
Ahí es donde cobran magia las listas. Cuando creas listas sales de tu cabeza. Al empezar a crearlas, reduces cientos e incluso miles de pensamientos a una cantidad más manejable y explícita. Lo que antes pasaba a la velocidad de la luz por tu mente y se repetía una y otra vez sin control, ahora puedes verlo plasmado y quieto en el papel, está bajo tu control, ¡puedes ver lo que piensas! ¿No es maravilloso? Allí empiezas a tener un punto de partida de algo que antes parecía caótico y abstracto, lo cual es casi mágico y absolutamente liberador.
Cuando ves lo que piensas puedes categorizar tus ideas, jerarquizarlas por importancia y validar si se descartan o se conservan.
Allí empezaste a darle orden al caos.
Te liberaste.
Mejor aún, te diferenciaste, porque mientras el resto está atrapado por su propia ‘mente mono’, tú tienes el control de tu mente y la puedes usar como herramienta, no como maestro. Ante esto el gran Austin Kleon nos comparte en su libro Sigue avanzando:
Amo hacer listas. Cuando tengo que solucionar mi vida, hago una lista. Una lista te saca todas las ideas de la cabeza y te limpia el espacio mental para que puedas realmente hacer algo con ellas.
Cuando me siento desbordado recaigo siempre en la vieja “lista de cosas por hacer”. Hago una lista enorme de todo lo que necesito hacer. elijo la cosa de mayor urgencia y la hago. Después la tacho y elijo otra cosa que hacer. Repito.
Como Austin, hay innumerables ejemplos de personas que han organizado sus vidas gracias a una lista.
Quizás uno de los casos más conocidos es el de Matthew Mcconaughey, quien en los años 90, sintiéndose más perdido que nunca, hizo una lista de 10 cosas puntuales. Esa lista funcionó como su brújula durante décadas, le ayudó a mantener el norte en medio del ambiente agreste de Hollywood y al final le permitió convertirse en uno de los mejores actores de su generación. Acá te comparto lo que escribió:


Ser padre.
Encontrar y mantener la mujer para mi.
Mantener mi relación con Dios.
Buscar mi mejor versión.
Ser un egoísta utilitarista.
Tomar más riesgos.
Mantenerme cerca de mamá y familia.
Ganar un Oscar como mejor actor.
Mirar atrás y disfrutar la vista.
Simplemente mantenerme vivo.
Es una lista de objetivos bastante profunda ¿verdad? Pienso que este es un gran ejemplo de lo que se puede lograr escribiendo una lista poderosa y llena de reflexión.
Ahora, no quiero que me malinterpretes, no necesariamente tienes que detenerte durante horas para pensar en tu lista para las próximas décadas, porque las mejores listas son las que empiezan y dan forma a otras. No hay listas perfectas ni mejores que otras. Eso es lo que busco mostrarte.
Por eso quiero que al terminar de leer esto te animes a agarrar lápiz y papel y hagas tantas listas como quieras.
Haz una lista de pendientes en tu trabajo o una lista de cosas para comprar, haz una lista de libros a leer. Puedes pensar en una lista de películas ganadoras del Oscar que siempre has querido ver y no has podido, o mejor en una lista de amigos a los que debes llamar, también puedes pensar en una lista de ideas de negocio. ¿Por qué no?
Haz listas de lo que sea.
Conviértete en un gran creador de listas.



