Suda para hablar en público.

Hablar en público no es un don, es una habilidad que se entrena. Y la mejor forma de entrenarla no es frente al espejo: es corriendo. Te cuento por qué.

5/24/20265 min read

El tiempo se hace lento, llega el sudor en las manos, siento la espalda tensa y la respiración acelerada. Pierdo el control al hablar en público, otra vez.

Qué molesto es perder el control y más cuando tienes 30 pares de ojos mirándote.

Recuerdo que cuando estaba en la universidad, 30 minutos de exposición parecían eternos y me preguntaba cómo pueden existir personas que hablan durante horas frente al público. Terminaba concluyendo con rapidez que tenían que ser personas hechas de otra madera. Pensaba cosas como:

— “Ella nunca le ha tenido miedo a hablar”.

— “Es porque él nació con carisma, eso no se aprende”.

— “En su familia siempre fueron muy extrovertidos”.

En mi cabeza no había otra explicación, así que cuando llegaba a ese tipo de respuestas rápidas, de alguna manera me sentía mejor pero sin saberlo, terminaba haciéndome daño. ¿Por qué?

Porque al tener ese tipo de ideas, de manera inconsciente, estaba catalogando como “inalcanzable” a la habilidad de hablar en público. Lo que hacía ver inútil todo esfuerzo por aprender y al tiempo hacía fácil ignorar la realidad: Nadie nace siendo elocuente. Hablar en público es una de las habilidades que más se construye con horas de práctica y exposición.

Cuando lo vemos así, todas estas ideas son evidentemente peligrosas, por completo limitantes y en definitiva no me estaban ayudando a que yo dejara de estar asustado, sudoroso y tenso cada vez que tenía que pararme y hablar. Entonces ¿Por qué simplemente no buscaba mejorar y practicaba hasta el cansancio mis presentaciones?

No había explorado mucho esa pregunta hasta que leí esto de Robert Greene:

“Hoy tendemos a denigrar la práctica. Nos gusta imaginar que las grandes hazañas suceden de manera natural; que son un signo del genio o talento superior de alguien. Llegar a cierto nivel de realización mediante la práctica parece banal, poco inspirador.”

Es más “cool” ver que haces las cosas sin esfuerzo, es mejor decir que todo llega a ti por inercia y que al trabajar no necesitas más que de tu talento natural, por tanto todo aquello que te toma horas y horas de dedicación, hace de tu trabajo algo poco inspirador. Practicar no es “cool”.

Por eso suele deslumbrarnos un conocido que es “casi un genio”, ver un orador con “carisma innata” o un líder elocuente “desde que era pequeño”, pero no nos deslumbra ver todos los años de práctica que hay detrás de las personas que estamos viendo. La práctica queda en un segundo plano.

Entonces cuando logré ver a cómo Sahil Bloom prepara sus conferencias (Sahil es un escritor y comunicador con millones de lectores), cambié mi forma de ver cómo debía practicar cuando tenía que hablar en público.

Sahil practica sus charlas mientras corre.

¿Recuerdas que perdía el control de mi respiración, sudaba y empezaba a ponerme tenso al empezar a hablar? Pues Sahil piensa que practicar imaginando que nunca vas a tener una respiración agitada, sentir sudor y tensión al hablar, es como prepararte para un juego irreal. Inevitablemente vas a sentir todo eso al hablar en público cuando estás empezando a hacerlo.

Y centrar tu preparación buscando evitar lo inevitable no siempre es lo mejor. A veces debes entrenar en los escenarios que menos te gustan.

Debido a eso, Sahil recomienda correr de manera moderada mientras practicas lo que vas a decir, precisamente para que te acostumbres al juego real de hablar en público, donde tienden a llegar los nervios, tus pulsaciones van a subir y la tensión va a llegar. Pero el punto es que cuando eso suceda, no lo vas a interpretar como una señal de que algo va mal, no entrarás en pánico porque ya has practicado hablar mientras te encuentras sintiendo todo eso.

Sé que es raro ir por la calle hablando sólo mientras trotas, y por experiencia propia te puedo decir que de pronto te vas un par de miradas de preocupación de tus vecinos, pero creeme vale la pena si lo intentas, es un truco que funciona.

Funciona y lo mejor es que nos deja claro que nuestros logros están al otro lado de la práctica calibrada y planificada al detalle, no detrás de la idea peligrosa de esperar que algún día nos sintamos “genios elocuentes que hablan en público”.

Warren Buffett es el vivo ejemplo de esto.

Warren Buffett, el inversor más respetado y conocido del mundo, curiosamente dice que el título que tuvo más impacto en su carrera, no fue un típico curso de inversión o estadística, fue el curso de oratoria de Dale Carnegie. Él cuenta que al empezar el curso eran 30 personas que tenían problemas hasta para pararse y decir su nombre en público, pero que al final:

Ese curso de cien dólares me dio el título más importante que tengo. Ha tenido sin duda el mayor impacto en mi éxito posterior.

Ese es, de hecho, el único “diploma” que tiene colgado en su oficina.

Así que si aprender a hablar en público le cambió la vida al inversor más respetado de la historia ¿Cómo esto no nos va a ayudar a nosotros?

En definitiva, aprender a hablar en público es una de esas habilidades que puede cambiar la vida de cualquiera. Pero tiene también el potencial de cambiar la vida de quienes te rodean.

Hace poco fui con mi familia a ver a Dante Gebel, actor, escritor y uno de los pastores más elocuentes que existen, (aunque a él no le gusta que lo identifiquen como pastor solamente) y me impresionó que Dante fue capaz de hablar durante casi tres horas frente a 14.000 personas impactando minuto a minuto, palabra a palabra; cuando miraba a mi lado había personas que pasaban de la risa al llanto, había personas tomando nota, otras abrazando a sus padres, otras en silencio absoluto tratando de interiorizar su mensaje, encontrabas de todo al ver los rostros de la gente, pero al final estoy seguro de que todas las personas que salimos de esa conferencia, salimos mejor de cómo llegamos.

Al terminar me di cuenta de qué importante es que las personas nos armemos de valor y nos sintamos capaces de entregar mensajes poderosos. Necesitamos de personas elocuentes.

Allí concluí que quizás estamos acostumbramos aprender a hablar en público para algún trabajo o presentación laboral y aunque es maravilloso, no es suficiente. Aprendes más si buscas hacerlo para la vida y no solamente para tus jefes.

Aprende a hablar en público para impactar a quienes están más cerca de ti.

Nunca vas a saber si mañana tu familia necesite que hables para todos y los motives durante una pérdida difícil de llevar, quizás en tu barrio necesitan una voz que lidere cuando sólo hay caos, quizás cuando te veas con tus 5 amigos del colegio los motives y les termines inspirando a ser mejores.

Pero eso solo sucede si te preparas con tanto empeño y cariño como si cada una de tus charlas, presentaciones, capacitaciones o conferencias tuvieran el potencial de cambiar vidas. Y cuando esa convicción es real, deja de importar si sudas o te pones tenso: sabes para qué estás ahí. Si no es así, ¿para qué reunir todo el valor de hablar en público?

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