Tu peor enemigo usa tu propia voz
Lo que te dices en los segundos después de un error decide si avanzas o te estancas. Aprende a entrenar tu diálogo interno como lo hacen los grandes.
Sergio Martinez
6/12/20263 min read


Los segundos después de que cometes un error son decisivos.
Inmediatamente después de que nos equivocamos, se pone a prueba qué tanto hemos trabajado en nuestro diálogo interno. Lo que nos decimos en esos instantes puede determinar si avanzamos o nos quedamos estancados en el error. Trabajar activamente en lo que nos decimos, puede diferenciarnos de la gran mayoría de las personas.
Encontrar las palabras adecuadas para motivar a los demás tiende a ser fácil. Pero no es tan sencillo encontrar las palabras para motivarnos a nosotros mismos. Brindar apoyo a nuestros seres queridos es casi un acto reflejo. Pero no es claro saber cuándo somos un apoyo para nosotros. Si tenemos que sentarnos a escuchar y animar a un viejo amigo, lo haremos sin pensarlo dos veces, porque nos encanta ayudar a quienes amamos. Pero cuando llega el momento de ayudarnos a nosotros mismos, cuesta.
Es irónico. Conversamos con amigos, jefes y seres queridos, pero descuidamos la conversación más importante: la que mantenemos con nosotros mismos.
Porque pregúntate algo, a lo largo de tu vida ¿quién crees que es la persona que más te ha dicho este tipo de frases?
— ¡Es que eres un/a imbécil!
— ¡Pero sirves para nada!
— ¡Qué estúpido/a!
Correcto. Tú eres quien más te dice ese tipo de frases.
Querámoslo o no, la conversación con nosotros mismos es un factor siempre presente. Está ahí para multiplicar lo que nos sucede para bien o para mal. Es decir, la calidad de lo que habita dentro de tu mente determina si te conviertes en tu más grande apoyo o tu más grande detractor.
Un ejemplo de esto nos lo entrega Novak Djokovic, quien es para muchos el mejor tenista de la historia.
“Probablemente tengo más pensamientos negativos y pensamientos desafiantes y más emociones de las que tú tienes. La diferencia entre tú y yo es mi entrenamiento y mi habilidad para no mantenerme con esa emoción por mucho tiempo. Entonces me mantengo allí por segundos y tu por quien sabe cuanto…”
(Esto lo dijo Djokovic en su último podcast con Jay Shetty, escritor y speaker. Ese podcast es una master class de mentalidad y alto desempeño que te invito encarecidamente a que escuches)
Lo que más me gusta de esa forma de pensar de Djokovic, es que deja claro que es imposible que no existan pensamientos negativos cuando estamos sometidos a situaciones de estrés. Las palabrotas van a llegar. La duda va a llegar. Las frases autodestructivas también van a llegar. Él no entrena para controlar su mente para que no lleguen pensamientos negativos.
Entrenar para controlar todo eso sería un despropósito.
Djokovic sí entrena para saber que está bien sentir ira, por ejemplo, pero toma un rol activo para no quedarse estancado en esa emoción durante días, horas o minutos.
Los estoicos ya se hacían esta pregunta hace siglos: "¿Cuántas veces la ira termina siendo más destructiva que aquello que la causó?" Sabían que ninguna versión buena de nosotros aparece cuando estamos gobernados por un mar de sensaciones negativas.
Ahora, aunque no seas deportista de alto desempeño, esto te da un punto de partida para poder diferenciarte en lo que sea que hagas. Ya sabes que intentar silenciar los pensamientos negativos es una pérdida de tiempo, ahora lo que sigue es que intentes ir un paso más allá: si no puedes eliminarlos, puedes cambiar el lenguaje con el que los nombras.
Para esto vamos a conocer cómo lo hace Ben Meer.
Ben Meer, escritor y coach ejecutivo, afirma que el diálogo interno es un auténtico superpoder y la forma de usarlo es convirtiendo las expresiones negativas en expresiones de empoderamiento. Acá podrás ver varias de esas expresiones ajustadas:
Fracaso → Aprendizaje
Agotado → Recargando
Avergonzado → Consciente
Nervioso → Energizado / Emocionado
Perdido → Buscando
Yo odio → Yo prefiero
Enfermo → Purificando
Asustado → Incómodo
Furioso → Apasionado
Tengo que → Tengo la oportunidad de
El ajuste que más suelo hacer es el de nervioso - emocionado.
En lugar de decirme a mí mismo que estoy nervioso, suelo decirme que estoy emocionado o con mucha energía encima. El cambio es gigantesco. Me siento mejor cuando sé que estoy trabajando bajo algo que me emociona y no controlado por los nervios.
Cuando trabajas en esos cambios pasarás de la crítica destructiva a una conversación más controlada y consciente. Suele ser más fácil decirlo que hacerlo, créeme, pero vale la pena. Esas conversaciones orientadas son un superpoder que te acerca a tu mejor versión, la versión que es capaz de afrontar objetivos al alcance de pocas personas.
Anímate a tomar 4 o 5 expresiones de la lista de Ben Meer y trabájalas en los próximos días. Vas a ver cómo pasas de ser tu crítico más acérrimo a ser tu fuente de apoyo más grande.
Así que la próxima vez que estés en un mar de pensamientos negativos, pregúntate: ¿Le dirías lo mismo a un amigo o familiar que está en mi misma situación?
Lo que te dices determinará lo que ves.



